El Sínodo
del relanzamiento
de la Iglesia:
la nueva evangelización
Para la élite del episcopado mundial la crisis que estamos viviendo así como la reacción ante ella no es una novedad de los últimos tiempos, sino que se remonta a los años 50 del pasado siglo, y el mismo Vaticano II forma parte de la respuesta a los nuevos tiempos. Esta idea ha sido expresada por el Papa en el mensaje del Angelus del domingo 28 de octubre.
La Iglesia, el cristianismo o catolicismo, no es sólo europeo. Para el presidente de la conferencia episcopal africana, en el continente negro justamente en estos años se ha registrado un extraordinario número de bautizados, sacerdotes, religiosos y catequistas.
Si las Iglesias cristianas disminuyen en Europa, crecen en otros lugares. También Asia y América Latina aparecen llenas de vitalidad. El presidente del CELAM (América Latina) manifiesta: la renovación pastoral en América, como respuesta al Vaticano II, ha hecho más dinámica la vida de la Iglesia: se han multiplicado los agentes de pastoral, la formación en la fe, y ha aumentado la participación de los fieles en la eucaristía dominical.
Muchas voces europeas se han lamentado de la situación de minoría, inédita en la historia, que experimentan las Iglesias del viejo continente, y han recibido la respuesta desde la lejana Asia por boca del recién nombrado cardenal, el arzobispo Tagle de Manila: “he escuchado con estupor las observaciones sobre el miedo provocado por la disminución de los cristianos, el número de practicantes o la influencia real en la sociedad. Yo provengo de Asia y allí nunca hemos sido mayoría y sin embargo la nuestra es una Iglesia viva y que transmite alegría”
El Papa, a sus 85 años, decía que se ha alegrado de ver en el Sínodo el espejo de una Iglesia Universal con sus sufrimientos y alegrías y en medio de ella la presencia del Señor acompañando en estas situaciones difíciles. Hemos escuchado cómo incluso ahora la Iglesia crece, está viva. Lo que se ha dicho sobre Camboya o Noruega es esperanzador. En efecto, el vicario apostólico de Phnon Penh, dice: “entre nosotros el Evangelio no se difunde por medio del proselitismo, sino por contagio. Lo más importante es tocar el corazón”.
Y el más joven de los participantes, 23 años, el laico de Roma Tomás Spinelli, ha declarado: “estas tres semanas me han transmitido una idea bella y fresca de la Iglesia en el mundo”.
Aunque la Iglesia –continúa Benedicto XVI- siente en su rostro los vientos contrarios, siente sobre todo el viento del Espíritu que nos ayuda y nos muestra el camino justo; y así, con nuevo entusiasmo estamos en camino y agradecemos al Señor este Encuentro verdaderamente católico.

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